Valencia, 26 de mayo de 2026.- La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una tendencia experimental para convertirse en una tecnología que ya transforma industrias enteras. Empresas, creativos y desarrolladores se enfrentan a un escenario marcado por la automatización, la velocidad y la necesidad constante de adaptación. En medio de este cambio, Iván de Prado, Head of AI de Magnific , defiende una visión que combina innovación tecnológica y criterio humano. Para el especialista, el impacto de la IA será profundo, aunque no necesariamente destructivo para el empleo técnico y creativo. “La IA desafía a los programadores y, sin embargo, habrá más trabajo que nunca para ellos”, afirma. Su análisis se aleja tanto del alarmismo como de la euforia desmedida y plantea un enfoque más práctico: entender cómo integrar estas herramientas para ampliar capacidades sin perder la intención humana detrás de cada proceso.
La IA acelera el cambio en programación y creatividad
La velocidad a la que evoluciona la inteligencia artificial ha modificado la manera de trabajar en numerosos sectores digitales. Tareas que antes requerían horas de producción ahora pueden resolverse en minutos gracias a herramientas generativas capaces de producir imágenes, textos, código o prototipos.
Para De Prado, esta transformación no implica la desaparición del talento humano, sino una reconfiguración de los procesos profesionales. El especialista considera que el verdadero cambio no está únicamente en automatizar tareas, sino en redefinir cómo se crean productos y cómo se toman decisiones.
“La IA no viene a sustituir la creatividad, sino a multiplicar la capacidad de las personas para crear”, explica. Desde su perspectiva, las herramientas generativas permiten explorar más opciones, validar ideas con rapidez y reducir la fricción en fases técnicas del trabajo diario.
Sin embargo, insista en que la tecnología por sí sola no resuelve los problemas de fondo. El valor sigue dependiendo de las personas capaces de interpretar resultados, definir objetivos y decidir qué dirección tomar.
Este punto resulta especialmente importante en el ámbito de la programación. La aparición de asistentes basados en IA ha generado dudas sobre el futuro de los desarrolladores, aunque De Prado considera que la demanda de perfiles técnicos continuará creciendo.
“La IA desafió a los programadores, pero no creo que vaya a acabar con ellos. Cambiará la manera de trabajar y obligará a adaptarse”, sostiene. En su opinión, los programadores seguirán siendo esenciales para construir productos sólidos, supervisar sistemas y comprender problemas complejos que la IA todavía no puede interpretar de forma autónoma.
Además, el responsable de IA de Magnific cree que el contexto actual exige perfiles más versátiles. Ya no basta con dominar una tecnología concreta; También será necesario entender cómo convivir con herramientas que evolucionan constantemente.
El criterio humano seguirá siendo decisivo
Uno de los aspectos que más preocupa en torno a la inteligencia artificial es la posibilidad de delegar decisiones importantes en sistemas automatizados. Para De Prado, este escenario obliga a recordar una idea fundamental: la IA no tiene intención propia.
“La inteligencia artificial no tiene intención. Somos las personas quienes decidimos qué queremos hacer con ella”, señala. Esta afirmación resume buena parte de su visión sobre el futuro tecnológico.
Las herramientas pueden generar resultados sorprendentes, pero continúan dependiendo de instrucciones humanas, supervisión y contexto. Por eso, considera que el papel del criterio seguirá siendo central en cualquier entorno profesional.
En creatividad, por ejemplo, la IA puede producir millas de variaciones visuales en cuestión de segundos. Aun así, seleccionar una idea relevante, construir un mensaje coherente o generar impacto emocional continúa siendo una tarea profundamente humana.
De Prado cree que gran parte del debate actual se mueve entre dos extremos: quienes presentan la IA como una amenaza inevitable y quienes la consideran una solución universal. Su planteamiento intenta situarse en un punto intermedio.
“Todos estamos entusiasmados a la vez que atemorizados. El progreso no se puede parar”, afirma. En lugar de resistirse al cambio, considera más útil comprender sus implicaciones y aprender a trabajar junto a estas tecnologías.
También advierte que la percepción de amenaza suele amplificarse durante las primeras fases de cualquier revolución tecnológica. Según explica, históricamente cada gran transformación industrial ha provocado incertidumbre antes de consolidar nuevas oportunidades.
La diferencia real está en la velocidad. La inteligencia artificial evoluciona a un ritmo que obliga a empresas y profesionales a reaccionar en tiempo real. Por eso, la capacidad de adaptación será uno de los factores más importantes durante los próximos años.
Magnific y la evolución hacia una infraestructura creativa basada en IA
La evolución de Magnific refleja precisamente este cambio de paradigma. Según De Prado, la compañía ha atravesado una transformación profunda para adaptarse a una nueva realidad tecnológica y creativa.
“Freepik ya no define lo que somos. Hacía referencia a imágenes y gratuitas. Hemos pasado de ser percibidos como un banco de imágenes a convertirnos en una infraestructura creativa basada en inteligencia artificial”, explica.
La transición responde a una necesidad clara del mercado. Los profesionales ya no buscan únicamente acceder a recursos gráficos; Necesitan herramientas capaces de acompañar procesos creativos completos y acelerar la producción sin sacrificar calidad.
En este contexto, Magnific apuesta por desarrollar soluciones donde la IA actúe como una capa de apoyo para diseñadores, creadores y equipos técnicos. El objetivo no es sustituir el trabajo humano, sino ampliar posibilidades y reducir barreras técnicas.
De Prado insiste en que construir herramientas útiles requiere comprender muy bien las necesidades reales de quienes las utilizan. En su opinión, muchas compañías se centran únicamente en incorporar IA sin resolver problemas concretos.
Por eso, considera que la clave está en desarrollar productos funcionales, intuitivos y preparados para integrarse en flujos de trabajo reales. La rapidez tecnológica ya no es suficiente si no existe una utilidad clara detrás de cada innovación.
Además, destaca que la industria atraviesa una etapa especialmente competitiva. Las empresas tecnológicas necesitan reaccionar rápidamente, evolucionar constantemente y construir productos capaces de diferenciarse en un mercado cada vez más saturado.
El debate sobre derechos de autor y entrenamiento de modelos seguirá creciendo
El crecimiento de la inteligencia artificial generativa también ha abierto debates relacionados con copyright, propiedad intelectual y uso de datos para entrenar modelos.
Para De Prado, esta conversación será cada vez más importante a medida que las herramientas se integran en más sectores creativos y empresariales. El reto consistirá en encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica y sostenibilidad del ecosistema creativo.
En su opinión, el futuro probablemente avanzará hacia modelos mixtos, entrenados con contenido licenciado y contenido público. Esta combinación permitiría desarrollar sistemas más sólidos sin ignorar los derechos de autores y creadores.
También considera que la transparencia será fundamental para generar confianza. Empresas y usuarios necesitarán comprender mejor cómo funcionan los modelos, qué datos utilizan y qué límites existen en su aplicación.
La discusión no afecta únicamente a grandes compañías tecnológicas. Diseñadores, ilustradores, programadores y creadores independientes observan con atención cómo evoluciona el marco legal y profesional alrededor de la IA generativa.
De Prado entiende estas preocupaciones, aunque insiste en que el progreso tecnológico seguirá avanzando. Por eso, cree que resulta más útil construir soluciones responsables que intentar frenar una transformación que ya forma parte del presente.
La adaptación marcará la diferencia en los próximos años
Para Iván de Prado, la inteligencia artificial transformará profesiones, procesos y modelos de negocio durante la próxima década. Sin embargo, insista en que el verdadero diferencial seguirá estando en las personas capaces de adaptarse con criterio.
La IA puede acelerar tareas, reducir tiempos y ampliar capacidades, pero no reemplazar la intención, la sensibilidad ni la comprensión humana del contexto. La creatividad comenzará dependiendo de quiénes sepan conectar tecnología y visión estratégica.
En este escenario, las empresas y profesionales deberán aprender a convivir con un cambio permanente. La formación continua, la capacidad de experimentar y la rapidez para adoptar nuevas metodologías serán factores decisivos.
El especialista considera que todavía es pronto para medir el alcance total de esta revolución tecnológica. Aun así, tiene claro que el futuro no estará definido únicamente por las herramientas, sino por la manera en que las personas decidan utilizarlas.
Su plantea visión una idea central: la inteligencia artificial no elimina necesariamente el valor humano, pero sí obliga a redefinirlo. Quienes compren esa transformación podrán aprovechar nuevas oportunidades en un entorno cada vez más competitivo y automatizado.
