El envejecimiento de la población ha puesto el foco en un problema cada vez más frecuente: los fallos de memoria y el deterioro cognitivo. Sin embargo, muchos casos se detectan cuando el proceso ya está avanzado.
La Dra. Sara Márquez Sánchez, psiquiatra y directora de SM Salud Mental, advierte de que los cambios en el cerebro pueden comenzar años antes de que se les dé importancia.
“Entre los primeros despistes y el diagnóstico pueden pasar muchos años. En ese tiempo ya hay cambios, aunque la persona siga haciendo su vida con relativa normalidad.”
No es solo olvidar cosas: qué señales conviene observar
Olvidar un nombre puntual o dónde se han dejado las llaves puede formar parte del envejecimiento normal. Pero cuando los fallos empiezan a repetirse o a interferir en el día a día, conviene prestar atención. Dificultad para seguir una conversación, desorganización en tareas habituales o problemas para planificar pueden ser señales iniciales que muchas veces se normalizan o se atribuyen solo a la edad.
“No todo es memoria. Hay otras funciones que también se alteran antes y que pasan más desapercibidas.”
Actuar antes: el objetivo es conservar la autonomía
Frente a la idea de esperar a que el deterioro sea evidente, cada vez se insiste más en intervenir en fases iniciales. El objetivo no es solo mejorar el rendimiento cognitivo, sino mantener la independencia el mayor tiempo posible: seguir tomando decisiones, organizando el día a día y conservando la propia identidad.
“La clave es intervenir cuando la persona aún es autónoma. Ahí es donde realmente se puede influir en la evolución.”
Estimulación cognitiva: mucho más que ejercicios de memoria
La estimulación cognitiva no consiste únicamente en hacer ejercicios repetitivos o fichas. Un abordaje adecuado trabaja diferentes funciones como la atención, el lenguaje, la planificación o la capacidad de organizar acciones cotidianas. Además, debe adaptarse a cada persona: su historia, su nivel educativo, sus intereses.
“Cuando una actividad tiene sentido para la persona, se implica más. Y esa implicación es fundamental.”
Actividades con sentido: del recuerdo a la acción
Las intervenciones más eficaces son aquellas que conectan con la vida real. Recordar cómo se elabora una receta tradicional, participar en talleres de reminiscencia o realizar actividades creativas no solo activa la memoria, sino también otras capacidades como la secuenciación, el lenguaje o la atención. En algunos programas se incorporan también propuestas de arteterapia, donde la persona trabaja con colores, formas y atención sostenida, obteniendo además un resultado tangible. Frente a modelos más pasivos, este enfoque busca que la persona participe, decida y se sienta útil.
Ni residencias ni centros de día: un cambio de enfoque
Uno de los principales frenos para iniciar este tipo de intervenciones es el estigma. Muchas personas rechazan acudir a recursos que asocian con etapas avanzadas de deterioro. Por eso están surgiendo espacios sanitarios centrados en la prevención, donde se trabaja la estimulación cognitiva sin que la persona se sienta etiquetada.
“Hay pacientes que dicen: ‘yo aún no estoy para eso’. Precisamente por eso es el momento adecuado.”
Frecuencia y constancia: dos sesiones a la semana
La intervención puntual tiene poco impacto. Los programas estructurados, con una frecuencia de dos sesiones semanales, permiten trabajar de forma continuada y adaptada a la evolución de cada persona. Este tipo de abordaje se utiliza en:
Fallos de memoria iniciales
Deterioro cognitivo leve
Fases iniciales de enfermedades como Alzheimer o Parkinson
Personas que, sin diagnóstico, quieren mantenerse activas
Nuevas herramientas: combinar terapias para un abordaje más completo
A las técnicas clásicas se suman nuevas herramientas. El uso de tecnología, junto con terapias no farmacológicas y, en algunos casos, técnicas como la neuromodulación cerebral no invasiva, permite intervenir sobre funciones específicas del cerebro de forma individualizada.
“Cada vez combinamos más estrategias. No es una única herramienta, es un enfoque completo adaptado a cada persona.”
Una decisión que no suele tomarse a tiempo
En muchos casos, son los familiares quienes detectan los primeros cambios y dudan sobre cuándo actuar. Retrasar la decisión suele ser lo habitual.
“Lo más frecuente es escuchar ‘quizás deberíamos haber empezado antes’. Y suele ser cierto.”
Cuidar el cerebro también es parte del envejecimiento activo
Mantenerse activo no es solo hacer ejercicio físico o tener una vida social. El cerebro también necesita estímulo, especialmente a partir de cierta edad. Incorporar este tipo de intervención de forma precoz permite mantener capacidades y sostener la autonomía durante más tiempo.
La Dra. Sara Márquez ofrece programas de estimulación cognitiva personalizados en Badajoz, con valoración individual y seguimiento adaptado a cada persona.
